Quiero remover yo cosas, pero aún no se muy bien cuales.
Filosofos para todos
Preguntame cosas
Te apuntas?
No me sale nada.
Tengo el cerebro hirviendo de pensamientos, de ideas, de principios de ideas, de recuerdos, de experiencias…
Y no se como ordenarlos.
Me siento aplastado contra el suelo, atado a la verja de algún parque, como una bici vieja con las ruedas pinchadas. Retenido, prisionero, absurdo.
Jugarselo todo a una carta, siempre. Eso no va a cambiar. Porque es como soy.
Y así termina el post más absurdo que he publicado nunca.
Fin.
Sonando de fondo:
De pequeño me daban miedo los aviones.
Oía el ruido de los aviones que cruzaban encima de mi cabeza y no se me ocurria otra cosa que taparme los oidos y cerrar los ojos hasta que desaparecía.
Ni siquiera miraba la estela que dejaban rasgando el cielo.
Ni siquiera me preguntaba a donde se dirigía, hacia que lugar exótico o lejanísimo volaba.
Tardé en coger mi primer vuelo, mucho, mucho. Por falta de ocasión, por falta de pasta, por lo romántico de los trenes…
He cogido más aviones, en proporción en este tiempo de 2012 que en toda mi vida.
Ahora miro sin parar combinaciones de aviones, horarios, tarifas, escalas, destinos, aeropuertos, ciudades.
Es sorprendente como cambian las percepciones de las distancias, de los tiempos. Parece mentira muchas veces acostarte al lado de la playa y 8 horas despues estar de nuevo en mitad del páramo castellano.
Impresiones de estos tiempos rápidos, cambiantes, enérgicos, que vivimos ahora. Deslocalizados y más localizados que nunca. Georreferenciados, geopositivados…
Quizá la calma llega en momentos de espera en no-lugares. Terminales de aeropuerto, puertas de embarque, estaciones de tren, de metro. Sitios que no son de nadie, que todos pisamos, sitios que no lo son, ya que son el acceso a otros, son sitios temporales, no recordados.
Sitios de espera, de anhelo, de ilusión también. Sitios de nervios, de calma tensa, de agobio, de siesta… de pesadez, de frustración, de emoción.
Que acierto salirte de tu zona de confort. De tu espacio-sofá. Plantearte cosas y tomar decisiones. Que acierto aunque te equivoques, aunque no tengas nada seguro, aunque todo se tambalee a tu alrededor y tú, sin embargo, camines con paso firme hacia algo inconcreto. Hacia algo que te remueve entero desde dentro.
Que acierto tomar aviones y sentir que la vida te rompe de ganas de vivirse.
Noches de Insomnio

Debe ser que los ojos no quieren cerrarse.
Por miedo a perder lo poco que han visto, que han retenido en la memoria. Por miedo a no retenerte, a olvidar las imagenes difusas de la historia de amor más rara del mundo.
Momentos de flaqueza se agolpan en la punta de las pestañas, deslizan hacia el párpado… que comienza a dejarse caer, acariciando la fina capa cristalina del receptor castaño del iris.
La pupila dilatada por el esfuerzo y la poca luz, pide tregua, loca por encogerse, hacerse pequeña, descansar.
Mientras el párpado ya ve a su gemelo, acercándose desde abajo, en camino encontrado, cruzado, inverso… Y sueña con el reencuentro y la fusión, el apoyo y finalmente la pausa.
Las lagrimas ayudan al deslizamiento, a la marcha rápida hacia el paraiso de la oscuridad, del lento fluir en los brazos de Morfeo. Y las lágrimas también son de llorar, de dejar marchar la pena y la presión. De dejar marchar la vida, esta vida vieja, que ya no sirve, que ya no llena.
Entonces un fogonazo de sonido, un ruido de luz, entra justo antes de producirse el deseado choque, para disparar todas las alarmas e invertir el proceso. Para desconsuelo de la pupila, ya arropándose con su edredon de plumas negras, de cisne negro de noche negra.
Y de nuevo miras la pequeña pantalla que ya te acompaña siempre, que duerme bajo tu almohada para conectar directamente con los ojos cerrados a mil kilómetros.
Y ha pasado otra hora. Y las grietas del techo parecen formar el camino hacia algún sitio entre montañas, perdido pero lejano, oculto entre espejos de sal marina, depositada por los vientos de las costas del norte.
Las grietas del techo forman el mapa del reencuentro, que gira alrededor del mundo, alrededor de una ciudad, alrededor de un puente.
Y no suena, ni se ilumina la pantalla… las pupilas confunden las sombras ya con cordilleras montañosas en relieve sobre la capa de cal de la pared.
Es hora de levantarse. Hay que volver a empezar.
Viernes, 16 Diciembre 2011 04:38 H
Sonando de Fondo:
The Smiths - Panic
Imagen obtenida de:
Recogiendo lo que siembro, o Bienvenido a los 33.
Recogiendo lo que siembro, continuo errante en mi camino hacia la vida adulta. Hay días en los que no tengo ganas de abrir los párpados, en cambio otros me faltan horas para comerme el mundo.
La inestabilidad emocional que me provoca la aparición de viejos fantasmas, de eternos fantasmas, de adorables fantasmas, me paraliza, me hace pensar y actuar en slow.
Todo mi universo se contrae, con la cara que raspa de la lija frente a mí, para mostrarme cuanto puede llegar a quemar, a despellejar el alma.
Cuando esto sucede, en estos momentos, en este espacio-tiempo concreto, elevo mi poca imaginación a nada, y todo se reduce a dar vueltas sobre la misma alfombra, para acabar durmiendo en la misma posición, sin avanzar un metro.
Pero también siento. Y eso últimamente está revalorizado, es más, está cotizadísimo. Aparecen los sentimientos y es como cuando despega un avión o se agita una botella de cava. Se despierta la bestia del largo letargo y aparecen las ganas de crear y de mejorar, de avanzar, quizá de cambiar, si, las ganas de cambiar, de darle la vuelta a todo.
Entonces vienen continuamente ideas nuevas al frente de la decisión, a la toma de contacto con el mundo. Se proyectan pequeños ensayos de autenticidad y de creatividad estériles, que releídas o repensadas suenan a cantinela absurda de preadolescente consentido.
Aunque algunas se salvan, se quedan en el sótano de la consciencia, en el subsuelo de la inocencia que envuelve los actos cotidianos, para aguijonearte de vez en cuando. Para insistir en tu camino de salvación, de mejora del margen de maniobra, de tu amplitud de miras…
Hay un proceso de selección subconsciente, que permite que vivir no sea tan terrible en el día a día. Hace posible la ilusión y/o esperanza de que empezarán los días con una sonrisa, una canción de Calamaro y un desayuno en la cama. Incluso hasta un polvo tranquilo y largo, con la prisa justa, con melodía y ritmo, cadencia y compás, con los sentidos a flor de piel.
Quizá sean esas ideas subterráneas y benditas las que hacen posible el movimiento del mundo. De mi mundo en concreto, creo que sí. Creo que son el motor, la gasolina y la carretera.
Ideas sin definir, ideas platónicas inalcanzables y por eso siempre perfectas, siempre en proceso de perfección, inalcanzables, mágicas e ilusionantes.
Pero eso implica el cambio continuo, y se va haciendo uno viejo para tanto hacer y deshacer maletas y coger trenes y aviones y conducir miles de kilómetros sin dormir.
Y las ideas benditas entonces quedan soterradas por la losa temible de la rutina y la comodidad, de la anti-lucha. Del conformismo ritual y de la vida social.
Escribiendo como terapia, para ordenar el mundo, para aclarar la vida. PaRa volver a bailar, a sentir, a soñar….
Sonando de fondo: SUPERSUBMARINA - Talco Deluxe

Hoy hace un día infernal. El puente de Agosto ya está aquí, con su agobio de gente y de vacaciones. Hoy hace un día feo, terrible.
De calor y de ruido y de cansancio…
Esta a punto de romper el cielo la tormenta. Ahora empieza y poco a poco, el olor a mojado lo inunda todo.
Igual me rompe el ordenador también de tanto ir y venir la luz.
La tranquilidad de la sobremesa, la esperada siesta, rotas por sonidos chirriantes de sierras y gruas, de hormigoneras, de trajín de gente currante.
En verano se arreglan los tejados de las casas, y se revienta el ritmo de mi rutina sesteadora.
No arrimarse, que muerdo. Grrr.
Febrero 2009, Madrid.
A lo mejor va a haber que bendecir el dolor para que pueda haber pausa.
Para poder escribirte esto en mitad del caos, del inacabable ruido del centro de Madrid.
Nunca me había fijado en el pequeño parquecito que hay frente al Congreso. La plaza de las Cortes, pone ahí, en un cartel.
Hay un negro enorme en un banco, con “malas pintas” pero mirada asustada, distraida en el miedo y el infinito.
Hay un abuelete frente a mi, en otro banco, con el pelo blanco y de punta, mirando las dos palomas que buscan algo de nosotros, y se distraen picoteando el suelo.
Un chaval está en el centro, con un trípode y una cámara que mira hacia el Congreso, hay un arquitecto con su portátil y su tubo de planos y una pareja de turistas de fuera comiendo un bocata. Ahora llega una rubia flaca y guapa, con un perro enorme y guapo también. El otro banco que falta lo ocupa un chico alto y moreno, con un movil en la oreja y un cigarro en la boca.
Hace fresco, estoy a la sombra y, como estoy respirando Madrid hace poco, todavía oigo los coches y las motos que cruzan la Carrera de San Jerónimo incesantes, pero el cielo está azulito y tengo una sonrisilla en los labios, que debe estar iluminando toda mi cara… en fin, Madrid, estando de vacaciones, está muy bien.
Sonando de fondo:
LA HABITACIÓN ROJA - Un día perfecto.
No hace falta que me digas como tengo que ver a los demás, porque ya he aprendido las reglas del juego.
Ahora son sonrisas, buenas palabras, ahora son cumplidos, buena cara…. luego será el susurro, la mirada larga, la risa nerviosa y la mano en la cara.
Pero también he aprendido a repartir yo las cartas, a mirar a los ojos sin apartar la mirada, a preguntar con calma, a respirar con ganas.
Ya no hace falta que me digas lo que tengo que hacer, porque ya no haré nada.
Nada que no quiera hacer, nada que no me salga.
Voy a empezar a vivir, sin miedo y sin pausa.
Construyendo cada día los límites de mi alma, alimentando cada noche mis sueños y mis ganas.
Para que despertar cada día sea un regalo, no una venganza.
Sonando de fondo:
Extremoduro - La vereda de la puerta de atrás.
A veces tienes todo a mano, cerquita, para sentirte bien. Entonces no va bien y todo se contrae a tu alrededor. Intentas mirar más allá de lo que te está preocupando y únicamente ves salidas que no te gustan. Que no te aportan nada.
Te encierras en rutinas poco recomendables, poco sociables, nada sociales.
Intentas imaginar tu vida en otros lugares, lejos de todo y de todos, sin responsabilidad, sin cargas, sin vida… ajena.
“No quiero seguir en esto, intento dar la vuelta a la adversidad y no puedo.”
“Es más fácil dejarse caer que remontar el vuelo. “
Todo tipo de frases hechas te vienen como flashazos de información limpia y clara, evidente. Como dogmas de fe.
Tengo sueño y ya nunca me apetece bailar.
Sonando de fondo:
Nirvana - Lithium
Hacía mil años que no pasaba…
Tengo que retomar esto.
Andrelo en el Circulo de Bellas Artes 1999 Madrid
Canal 69 + Mueve tus caderas
Hoy le conté que me encanta sacarle fotos a las nubes. Pero me olvidé de decirle que más me gustaría que nos tiremos a verlas pasar juntos.
Ya no vemos figuras mirando a las nubes… o si?